A veces nos empeñamos en luchar contra imposibles, en querer que todo suceda como nos gusta, y no somos capaces de aceptar que nosotros no movemos los hilos de la vida, que hay cosas que no depende de nuestros deseos.
No es resignación; es aceptación.
Hay veces que luchar contra un imposible, además de resultar inútil, puede hacernos mucho más daño que el hecho en cuestión.
... porque si hablo lloraré.
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