Me dije, o más bien me advertí, que con los dieciocho me tendrían que cambiar muchas cosas. Al final va a ser cierto eso de que el ansia por la mayoría de edad resulta que no genera todos los cambios que te esperabas. O al menos conmigo fue así.
Y ahora me veo aquí, a las puertas de los veintitrés esperando sin querer esperar nada.
Y es que, en verdad, cumplir años para mí es recordar aquello que me dije. Es inevitable.
Y hace ablandarme, ver que todo sigue igual, que aunque intentes cambiar un ápice de las cosas son las cosas las que te ganan. Y te cansas, pero esperas. Siempre esperas.
Y al mirarme al espejo entendí que lo importante es ser igual por dentro.
