viernes, 28 de febrero de 2014

No quiero hacerme grande.

Recuerdo cuando hace aproximadamente unos seis años hablé conmigo misma. Si, bueno, en ocasiones me hablo en silencio. No creo que sea la única persona que lo haga.
Me dije, o más bien me advertí, que con los dieciocho me tendrían que cambiar muchas cosas. Al final va a ser cierto eso de que el ansia por la mayoría de edad resulta que no genera todos los cambios que te esperabas. O al menos conmigo fue así.
Y ahora me veo aquí, a las puertas de los veintitrés esperando sin querer esperar nada.
Y es que, en verdad, cumplir años para mí es recordar aquello que me dije. Es inevitable.
Y hace ablandarme, ver que todo sigue igual, que aunque intentes cambiar un ápice de las cosas son las cosas las que te ganan. Y te cansas, pero esperas. Siempre esperas.


Y al mirarme al espejo entendí que lo importante es ser igual por dentro.