martes, 22 de mayo de 2012

Y aunque se pase toda mi vida yo te esperaré.

Si... esperé, esperé, esperé y esperé y tú nunca llegabas.
Esperé a que te dieras cuenta de cómo te miraba.
Esperé a que descifraras la mitad omitida de mis frases a medias.
Esperé a que dieras tú el segundo paso.
Te esperé, hasta agotar las existencias de la paciencia que llevaba encima.
Esperé.
Y nunca llegaste.
Y puede que aún conserve las ganas.
Pero ya no espero nada.

A veces me pregunto qué hubiese pasado si tú y yo... si nosotros... en fín, ya sabes.

martes, 15 de mayo de 2012

Y necesitas decir que no a los miedos...

Sin lugar a duda creo que soy especialista en desperdiciar los momentos y cuando digo momentos me refiero a tanto buenos como malos. Y dudosos. Los momentos dudosos también entran porque, al fín y al cabo, es un momento desperdiciado.
Momentos acompañados de vacío emocional. No hay que olvidarse de mi forma de ser. Vueltas, vueltas, vueltas y más vueltas. ¡PUM! Mareo.
A veces pienso cuándo dejaré de pensar. Doy cientos, miles, millones de vueltas hasta decir lo que realmente quiero decir, si es que llego a conseguir decir algo. Me lío, me agoto a mí misma y acabo prefiriendo no decir nada. Opto por callar y guardarlo para mí. Y así pasa. Así me pasa. Sentimientos en el tintero y arrepentimientos varios.
Siempre.

... no te preocupes besaré primero.

domingo, 6 de mayo de 2012

Una y otra vez.

Mil pensamientos por minuto.
Planes convertidos en fotogramas.
Yo, la misma, sin cambios.
Una barrera desmesurada que me separa del mundo. Y eso te incluye a tí. No has vuelto. Nunca has venido.
Y es curioso, porque nunca puedo pensarte en una única idea, como un concepto. Siempre tengo que pensarte fragmentado en un millón de pequeños detalles e instantes.


Y dudando, dudando, la duda me ha robado la ocasión. Y se me ha ido.