Esperé a que te dieras cuenta de cómo te miraba.
Esperé a que descifraras la mitad omitida de mis frases a medias.
Esperé a que dieras tú el segundo paso.
Te esperé, hasta agotar las existencias de la paciencia que llevaba encima.
Esperé.
Y nunca llegaste.
Y puede que aún conserve las ganas.
Pero ya no espero nada.
A veces me pregunto qué hubiese pasado si tú y yo... si nosotros... en fín, ya sabes.

