sábado, 28 de enero de 2012

Igual.

¿Conocéis a ese tipo de personas que son la hostia para dar consejos, que te ponen hasta ejemplos que de primeras no tienen nada que ver con el tema pero que al final, no sábes cómo se las apañan, pero siempre te sacan algo en claro con respecto a tu problema? Pues yo soy una de ellas. Consejos para dar y regalar; Aplicármelo es otra historia.
Lo peor de todo es que a mí misma me prometo tantas cosas o, dicho de otra manera, me veo capaz de realizar cosas que sé de antemano que me costarían mucho llegar a hacer por mi forma de pensar. ¿Metas? Pues no sé si se llamarán metas o gilipolleces, pero mi cabeza anda llena de promesas a realizar.
Y el resultado es el mismo de siempre: Ralladura de cabeza con pequeñas dósis de agua destilada.

No quiero hinchar de nuevo el flotador y los manguitos...

martes, 17 de enero de 2012

Respira.

Tengo la jodida costumbre de buscar la felicidad, la simple felicidad, a miles de millas de distancia de mí. La busco porque no la siento.
Y es que me siento vacía. Vacía como el corazón del rico, como el bolsillo del mendigo y como los besos de alquiler.

 Llora hasta las lágrimas. Suelta hasta la última.

jueves, 12 de enero de 2012

Lanzarse.

Cuento con el valor suficiente para desprenderme del flotador y de los manguitos.
Y es que dicen los entendidos que si queremos a alguien y no se lo decimos... ¿de qué nos sirve ese amor?
Ahora bien, ¿me podéis pasar unas pautas, un guión, unos apuntes y demás documentos necesarios para no cagarla? Me serían de gran ayuda, gracias.

Algo me dijo que no te puedo dejar escapar.

jueves, 5 de enero de 2012

Año Nuevo, vida de antes.

Lo que más me jode es que nadie me entienda. Yo no lo veo tan complicado... Que quizás yo me complique con algo tan sencillo ya es asunto de mi cabeza. Bueno, de mi cabeza y de mi miedo.
¿Seré rara? ¿Veré las cosas con un cristal diferente a el de los demás? ¿O es que… quizás me mareo demasiado?
Si las cosas fuesen tan sencillas como las pintan, yo ya me hubiera hecho cinco largos de la piscina donde me hubiese lanzado. Pero cada nadador es un mundo. Los hay con experiencia y los hay con flotador. Los dos se hacen el largo de la piscina, pero a diferente ritmo. Qué le vamos a hacer si yo soy de los que llevan flotador. Es más: yo llevo hasta manguitos.
Y ese miedo sigue ahí. Miedo por nada, lo sé, pero me come a mí y a mis ganas.
Desaparecer o arriesgar.