domingo, 4 de marzo de 2012

Soplando velas de números.

Aspirar todo el aire que quepa en tus pulmones y soplar las velas al ritmo de unos aplausos arrítmicos pero necesarios.
“Pide un deseo. ¡Pide un deseo!”
Suspiros con sonrisa de medio lado. ¿Un deseo? ¿Es necesario? Si todos sabemos que luego no se cumplen, que son pérdidas de tiempo. ¿Acaso lo que desee apagando unas velas del supermercado clavadas en una tarta de bizcocho me va a solucionar la vida? Ves cómo es innecesario… Te lo dije.
Pero inconscientemente lo haces. Lo pides. Un año más lo pido.
En ese momento sientes que realmente tienes un año más. Que te pesa. Que ya han pasado 365 días desde la última vez que apagaste aquellas velas. Que te haces mayor. Que el tiempo no para.
“Qué verdad es cuándo dicen que ,a partir de que cumples los 20 años, todo se pasa rapidamente”. Y es verdad.
21 años…
21 años donde sientes que todo ha cambiado menos tú. Tú sigues ahí, erre que erre con tus cosas. Cabezota desde 1991 y sin posibilidad de cambio. Soñadora e insistente al máximo, hasta que la cuerda se rompa en mil pedazos. Esperanza incorformista y débil de lágrimas. Fachada de sonrisas e interior en obras. Los vasos nunca están llenos ni siquiera a medias. Dicen las lenguas que tengo vena borde, pero nadie fue capaz de hurgar mi corazón y desmentirlo.


Fdo: La monene.

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