miércoles, 14 de marzo de 2012

Los hilos del corazón...

¡Eh, tú! Chico que consigue arrancarme ochocientas sonrisas al día.
No sé cómo explicarte las cosas que ni siquiera yo entiendo. No sé cómo decirte que no sé muy bien qué es lo que siento. Me encantaría no dudar. Me encantaría sentir algo que me hiciese no pensar, saltar al vacío. Esa fuerza imparable.
Sé que es una sensación difícil de explicar a la que no pienso llamar de ninguna manera, no quiero etiquetas, pero es una sensación que no quiero perder por nada del mundo.
La cuestión en sí es que no sé si quiero sentir o no sentir a estas alturas. Porque sé que sentir significa correr el riesgo de pasarlo mal. Y pasarlo mal duele. Y las cosas que duelen, destruyen. Y lo que destruye, mata.
Son ese tipo de cosas que te gustaría que viniesen con un manual de instruciones para no sentirte tan impotente...
Y es que las cosas, a veces, me afectan demasiado. Lo llamo cosas por no llamarlo sentimientos.
Aún así, intentaré que cuando te mire no me brillen los ojos, que no me tiemblen las palabras si te hablo y las sonrisas no iluminen mi cara.
Lo intentaré.

... mueven mi marioneta.

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