¿Sinceramente? Me da pena acabar el año. Sí, no sé. Creo que ha sido un año que no se va a poder igualar. Superar siempre, todo se puede superar, pero el límite está demasiado elevado después de estos intensos pero especiales 365 días.
Con el comienzo del 2012 dejo atrás un año de ilusiones, de esperanzas, de emociones, de sol y arena, de fiestas, de confusión, de anécdotas, de recuerdos, de novedades…
Un año de A-42, de que una L signifique km/h, de “ventisca, tisca ¡ven!”, de jaimas-pirágüas y jamón, del chiringuito en forma de furgoneta, de confesiones en la hoguera una noche de romería, del baile de la fruta, de colchoneta, de cuatro cajas llenas de cajitas para envolver, de Hate that I love you, de mesa 24, de paquito el chocolatero, de grease lightning tanto en la boda como en la feria, de las noches de Safont, de amaneceres madrileños, de chupitos y piruletas al son de Lady Loca,de la Torre Eiffel madrileña, de la concentración de pedos ibicencos, de Solamente tú (x2), de corceeeeel y demás renacuajos, de fiestas house con botellas congeladas, de after en la Warner Bross, de “A 100 m. bandas sonoras… ¡PRETTY WOMAN, nanananaaaa PRETTY WOMAN!”, de “Olamigos”, de Dirty Dancing en un sofá una tarde de Gandía, de camisas rojas, y negras, y blancas, y azules e incluso de mentira, de cadau-noen-su cuadrado cada uno en su cuadrado, de cubatas por los suelos, de guiño-guiño, de la calle la pantomima, de besos por sorpresa, de miradas + palabras… De conocerte.
Te pido para mi 2012, te invito a que estés en mi vida.
Melchor, Gaspar, Baltasar, Renos, Camellos, Pajes, 2012… me lo pido.
Gracias. No puedo decir más.
Adios 2011.

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