Desde hace unos dias, unas horas y unos cuantos segundos, estoy pensando en dejar volar aquello que un día pensé alcanzable. No es rendirse, es realidad. Siento que siempre soy yo la que espera ese algo que por un instante te hace autoconvencerte de que servía para algo esperar. ¿Esperar a qué? ¿A que se pase el tiempo? ¿Más aún? …
Perdemos más de media vida esperando un “algo” que, por los motivos que sean, nunca suele llegar. Yo no sé si esto sucede por no querer afrontar la realidad o porque una inmensa cegera innunda nuestros sentidos. Si me dan la oportunidad de elegir, yo escogería las dos opciones. Al menos es lo que a mi me pasa: ni me apetece darme cuenta de las cosas ni quiero darme el privilegio de abrir los ojos para ver lo que en verdad es.
Y se podría decir que así me va. Si. Si es así. A crítica no me gana nadie y no hay nada mejor que reconocerlo. Yo sé perfectamente las cosas que hago bien y las que no. Pero me siento débil cuando se trata de manejar los sentimientos. Es algo que no puedo. No puedo. Y tú eres sentimiento. Sentimiento que pretendo olvidar.
He soñado el momento, de verte al lado mio dejandote llevar…

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