Cuatro de marzo de un año más.
Siento que estoy madurando. Tarde o temprano debía de pasar. Hay a quienes les llega antes, a quienes nos llega en pequeña dosis y quienes no saben ni qué es eso.
Cuatro de marzo de un año más. Otro más.
Me da igual que no me feliciten a las doce en punto, que no me mencionen en las redes sociales con una foto adjuntando el texto emotivo-vergonzoso de cada año (alguien tenía que decirlo, las cosas son así), que no se acuerden de hacerlo quienes no se han percatado de mí en el resto de año... Me da igual. Qué acojone, ¿no? Yo, que siempre he tendido a idealizar todas las mierdas esas y ahora van y me dan igual. Habrase visto.
Con los años supongo que aprendes a priorizar (que no valorar, ya que puedes valorar hasta la más mínima absurdez). Respetable, está claro. Si estuviese oscuro no lo vería tan claro. (Donativos a mi número de cuenta).
No sé qué me deparará esta edad. Una vez me autopredije (tiene delito, sí) que los 25 serían mis años. No sé si será intuición femenina, un consuelo tonto frente a todas aquellas cosas que durante estos años se me han ido resistiendo, un domingo harta esperando a que volviesen de publicidad los de la puta película o una simple bobada más. Quién sabe. Lo que sí tengo claro es seguir siendo como hasta hoy: to buenorra.

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