viernes, 28 de noviembre de 2014

Españoles: yo también fui una loca-fan.

He de reconocer que tuve mi época loca-fan. Ríete tú de las Abrahamers y las Auryners, (¿se dice así?). A mí me tocó las Nasheras, y hoy, me encontré cantando sus canciones.
Allá por el 2006 vi de rebote a unos jovenzuelos que cantaban en la discoteca de mi pueblo. Digamos que eran agradables a la vista (primordial para formar una grupi-pandi), las canciones eran pegadizas y yo por aquel entonces tenía 15 años y sin grupo musical definido. ¿Qué pasó? Que caí.
"Me gusta Nash", "Quiero ir a ver a Nash", "Es que no entiendo por qué no puedo ir al concierto de Nash..." eran frases muy comunes por aquel entonces xD
Pasaron los años. Ya no solo me gustaban, sino que además me ponían perraca (la edad, que una va creciendo...). Vas a conciertos, gracias a ello conoces gente, intentas picar a tu entorno con el grupo para que te acompañen (¡saluda Wanxita!), haces y esperas filas y horas por verles...
Y los años pasaban.
Y para todos los "ya te lo dije", "sabía que no durarían", "son un grupo más" de algunos, Nash se dio un tiempo (digámoslo así porque no estaba claro si dejaron el grupo o qué).
Y este Diciembre, ocho años después de sus inicios y tras esos años de parón, vuelven a hacer un concierto. Vuelven y a mí me han hecho recordarles. Recordarles y recordar todo lo que su nombre en sí lleva detrás.
Lleva preparativos, ilusión, horas y horas de charlas de adolescentes, coreografías, fotos, regalos, compartir camas para no dormir, amistades que han llegado y se han ido, amistades que han llegado y, a diferencia del resto, se han quedado, discos firmados... "Criskel".
Imagino que el fenómeno fan (no hace falta tener millones de seguidores ni llenar miles de estadios) es algo absurdo para quien no lo ha vivido o no lo siente así. Que te guste la música que alguien hace, que te guste el trabajo que realiza una persona y que eso te llene y te haga "bien", reconforta más que cualquier cosa material.
El poder que tiene la música, en este caso, sobre mí es inmenso. Miento si digo que he sentido más calor en una canción que me haya hecho vaciarme por dentro que unas palabras diciendo lo que tal vez necesitaba oír. Y cuando tienes ocasión de ver al cantante o grupo que te gusta, sientes que es una forma de agradecer todo lo que, sin ser consciente, te da su música (y vuelves a llorar aunque sea de emoción, para qué mentiros xD).

Supongo que esto es una simple reflexión que tengo, que más adelante hay más y que dentro de muchísisisisisimos años, cuando Pablo Alborán se jubile y recuerde mi época fan, tendré más reflexiones (y si de anciana recuerdo como se hacía una entrada de blog, lo haré xD).

Y que no deje de ilusionarnos cosas tan pequeñas pero grandes como es la música y todo lo que la envuelve.

A contracorriente vive hoy mi razón...

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