Me despido de todos aquellos días de sol, de frío y de rebequita, de los atardeceres sin mi presencia y de las nubes a las cuales no encontré parecido.
Me despido de mis tardes de sofá, vienés y brasero. También de todas aquellas en las que dormía la siesta.
Me despido de los dias de pipas, banco y palabras. Más palabras que pipas por la parte que me toca...
Me despido de esos conocidos que pasaron a ser amigos hasta que consiguieron lo que fuese y se marchasen sin hacer ruido.
Me despido de las canciones que supieron curarme tantas veces por dentro y de las películas romanticonas en las cuales yo siempre me moria de ganas de ser la protagonista.
Me despido de todas las fechas subrayadas y en negrita que están marcadas en mí. Sea lo que sea, pero aquí están.
Me despido de mis amores platónicos. Creo que toda mi vida ha estado basada en añoñamientos continuados.
Me despido del piso de soltera que me iba a comprar y de mis 40 gatos. Por el momento sólo tenía pensado dos nombres: Missi y ChsstaChssta. Los demás nombres tenía que meditarlos durante mi soltería.
Me despido por despedir.

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