sábado, 9 de abril de 2011

Sensaciones.

No sé a qué se debe esta puta, perdón, puñetera sensación interna que tengo por momentos.
¿La primavera? ¿El prematuro calor? ¿El precio de los refrescos? ¿La ignorancia?
Me prometí que esa era la gota que colmaba aquel vaso. Y cosa que me prometo, cosa que hago, de eso que no quepa duda. Y, teniendo en cuenta que yo formo parte de ese tanto por cierto de la población que ve el vaso medio vacio... es todo un reto.
¿Sábes cuál es la sensación de la montaña rusa? Cuando estas subiendo poco a poco ese carril de hierros hacia arriba, que no ves el fin y te dices a ti mismo "¿por qué habré subido! joderJoderjoder!" y llegas al momento-caida, y te ries, te diviertes, sientes ese hormigueo en tus tripas y te alegras de no haber comido aún porque sino pondrías perdidos a los de abajo (ya sabemos, cosas de la gravedad) y termina la atracción y te bajas soltando un "guauuu". ¿Sábes de qué sensación te hablo? Y luego están aquellas atracciones a las que yo llamo "para no perder el tiempo después de comer", aquellas que con una barquita y un caminito de agua te solucionan la digestión. Una mierda, las cosas como son. No son comparables con aquellas que te hacen gritar y removerte todo tu intestino grueso y delgado.
Todos, absolutamente todos preferimos las montañas rusas. Preferimos tener la sensación de gritar, de sentir que vuelas, que te diviertes, que te lo pasas bien. Pero para tener esas sensaciones hay que dejar pasear más los sentimientos. Si, eso es. No tenemos por qué pensar tanto las cosas o si estarán bien hechas o no. Si así lo crees, ¿por qué no arriesgar?
Aunque bueno... hay veces que aún arriesgando no ganas, pero ese es mi tanto por cierto. Podéis estar tranquilos, a vosotros os irá bien :)
Yo, mientras tanto, optaré por seguir buscando más montañas rusas que me hagan gritar. Sólo hay que tener paciencia para encontrar la más alta, la más más más alta.

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